De un tiempo a esta parte padezco chaofobia. Cada vez que alguien se despide con un chao (ciao) mi sien derecha comienza a hincharse y bombea al compás de los acelerados latidos de mi corazón… La situación se ha convertido en insostenible, pues centro mi atención en algo que detesto: el momento del adiós. Respiro hondo antes de escuchar nerviosa (y a cámara lenta) cómo nos despediremos. Llegados al punto final, ¿existe algo peor que un chao? Sí, chao, chao y sus múltiples variaciones. Con todos los peligros e infortunios que nos acechan, ¿por qué entró en mi vida la chaofobia?
Posible terapia: Sustituir el instante de la despedida con riesgo (a veces adivino quién pronunciará las cuatro letras) con la visualización mental de escenas grandiosas que contienen una separación. Aquí va una. Lost in Tranlation (Sofia Coppola, 2003). Al final de la peli Charlotte y Bob se despiden en el centro de Tokio. Pero, ¿qué le susurra al oído Bill Murray a Scarlett Johansson? ¿Os acordáis que el tema trajo tela? Jamás me tomé la molestia de ralentizar en DVD el momento en cuestión, pero en el youtube está cual psicofonía. Si alguien tiene otra interpretación, por favor, que la comparta con nosotros.
Es posible que el germen de mi chaofobia se encuentre en que años atrás se convirtió en una moda lingüística. Hay más. ¿No habéis detectado cuánta gente incorpora la muletilla quiero decir en sus conversaciones? Su uso en la televisión y la radio es una pesadilla. Imposible escapar. ¿Y el guapa/guapo? La primera vez que me soltaron “vale, guapa” regresé contenta a casa por la plenitud de mi belleza madura. La segunda me dio otro subidón. La tercera me derrumbé: “se ha puesto de moda”. Imposible escapar. Palabras no dañinas, neutras, bonicas que se clavan como puñales entre mis costillas. ¿Patético, verdad? ¿Acaso no es triste catalogar a una persona por sus tres últimas palabras?
Despedida terapéutica 2. Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995). Francesca podría escapar con su fotógrafo del National Geographic (que levante la mano qué fémina no sueña con ese idilio), él la espera bajo la lluvia. Al minuto su marido entra en el coche, Robert la aguarda en su automóvil, hay un semáforo en rojo, más segundos para tomar la decisión más importante de su vida…
Rizando el rizo
¿Y qué sucede cuando un vocablo que has pronunciado toda tu vida se transforma en muletilla de moda? A causa de los circunloquios y repeticiones infinitas en las conversaciones de mi progenitora años llevo introduciendo un conclusión a mis contrarréplicas. Bien, su uso desproporcionado ya corre como la pólvora. Entonces, ¿la sigo utilizando por veteranía lingüística o en acto de rebeldía la bloqueo hasta dentro de cinco años?

